Ayer una cuadrilla de conocidos me comentaron que se van de vacaciones a Ibiza y que esa tarde iban a hacer la lista de la compra: no sé cuántos gramos de coca, no se cuántas pastis, speed, porros… Vamos, que iban a ir bien surtidos.
Al de un rato, uno de los de ese grupo me dijo que él también había puesto pasta para toda esa compra pero que no tenía pensado meterse nada, pero que no sabía cómo iba a decirles que no y no quedar mal.
Uf, difícil y triste al mismo tiempo. El chaval tendrá que recurrir a los típicos “No, gracias, no me apatece ahora“, al “paso, ya me puse ayer hasta el culo” o al no menos socorrido “es que yo soy más de perica y paso del speed“…
Sí, ya sé lo que estáis pensando; que lo suyo es que les diga a sus amigos “oye, mirad, que yo paso de todo ésto y no me quiero meter nada” y sus amigos, si realmente lo son, tendrán que respetar esa decisión y admitir que uno de su cuadrilla no se meta nada.
Pero muchas veces, la realidad no es así, ésto no se da y la gente para no quedar mal y no ser rechazada, para no ser objeto de burlas de los demás, del resto del grupo, o recurre a estas coletillas o, desgraciadamente, al final, se acaba metiendo algo sin querer.
Me imagino que cuando vuelvan de Ibiza este chico me contará qué tal le ha ido. Y me dirá si sus amigos le han dado la caca o le han presionado para hacer algo que no quiere… A veces los amigos pueden ser un poco cabrones o, dicho más finamente, muy poco amigos.
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