El otro días los padres escribían sobre el botellón. Que si está mal, que si no, que si tal y que si Pascual. ¿Y qué quieren? Tomarte una cerveza o una copa en un bar sale carísimo y con la paga que nos dan pues no llegaría a nada.
Además, ¿qué es realmente lo que les molesta?, ¿que bebamos?, ¿que nos emborrachemos?, o que armemos ruido, dejemos todo sucio, gritemos, etc…
Porque ojo, también podían mirarse ellos a sí mismos; hace poco vi a la típica cuadrilla de puretas que salía de un txoko del pueblo y vamos… iban finos. Y ya de noche, se pusieron a cantar bilbainadas como si fueran tenores en la calle, osea, un escándalo.
Y cuando van de potes por la calle, qué… que éso lo hemos mamado desde pequeños. El ocio que teníamos con nuestros padres era ir a la calle de los bares y, mientras nosotros, los peques, nos juntábamos con otros y otras de nuestra edad, ellos se ponían a beber vino o zuritos o cañas con el resto de su cuadrilla tan tranquilos…
O te vas a una boda con tus viejos y qué. Se echan sus copazos, se ambientan y todo el rollo. Y éso también lo hemos visto nosotros, desde pequeños.
Osea, que ahora se sorprenden porque echemos litros y se quejan y demás… Pues eso, lo de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio…









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